Hay una pregunta que escucho casi todas las semanas, dicha de mil maneras distintas: ¿por qué me sigue pasando lo mismo?
La misma clase de relación, nada más que con otra persona. El mismo bloqueo con el dinero, nada más que en otro trabajo. La misma conversación con tu madre, veinte años después, palabra por palabra. Avanzas, sientes que ya por fin lo resolviste, y de pronto estás otra vez en el mismo lugar, mirando el mismo paisaje desde una silla distinta.
Hoy descargué información desde los Registros Akáshicos acerca de la rueda del Samsara, y me gustaría compartirte lo que descubrí. Te lo voy a contar sencillo, sin tecnicismos y sin que necesites saber nada de antemano, porque casi todo lo que yo misma daba por cierto sobre este tema resultó estar al revés.
¿Qué es la rueda del Samsara, dicho en simple?
Samsara no es el nombre de una condena. Es el nombre de un recorrido.
Si tuviera que decírtelo en una sola línea, te diría que la rueda del Samsara es la trayectoria de tu alma. El camino completo que vienes recorriendo, con sus vueltas, con sus repeticiones, y con esos tramos que parecen idénticos a otros que ya viviste, aunque no lo sean.
Y lo que me enseñaron hoy es que ese recorrido no es una sentencia que alguien te dictó, ni un lugar del que tengas que huir. Es una escuela. Un lugar al que el alma entra por decisión propia, a estudiarse a sí misma y a mirar las infinitas posibilidades de la existencia.
Las cuatro cosas que yo creía y resultaron estar al revés
Esto fue lo que más me movió de todo lo que recibí, porque desarma cuatro ideas que se repiten en todas partes y que llevamos años cargando sin revisarlas nunca.
1. No estamos atrapados en ella. No es una trampa, no es un error, no es un encierro del que haya que fugarse. Nadie te metió ahí contra tu voluntad.
2. No es un castigo. No hay nadie llevando la cuenta de tus faltas para cobrártelas en la siguiente vuelta.
3. No es pagar karma. Esta es la que más circula y la que más daño hace, porque convierte cada dificultad en una deuda pendiente y cada alegría en algo que primero hay que merecer.
4. No es un lugar dominado por entidades que buscan controlarnos. No hay nadie allá afuera administrando tu encierro. Y te lo digo con todo el cariño: esa idea se vende muchísimo, y lo único que logra es dejarte mirando hacia afuera, vigilando, en lugar de mirar lo único sobre lo que de verdad tienes poder.
¿Y entonces por qué se siente como un castigo?
Porque esa idea se nos fue implantando a lo largo de años y años de existencia. Nos enseñaron a llevar cuentas. Nos enseñaron que lo bueno se gana y que lo difícil se merece. Y cuando creces así, cada vuelta que da tu vida se siente como una cobranza.
Pero eso no venía en el origen. Eso lo fuimos poniendo nosotros.
Y me parece importante que sepas algo más, porque a mí me costó mirarlo. De alguna manera nos acomoda pensar que esto es un castigo, porque un castigo tiene explicación y tiene a quién culpar. Mirarlo como un recorrido es más incómodo, porque te devuelve la pregunta a ti.
La pregunta que lo cambia todo
Cuando dejas de mirar tu vida como una deuda y empiezas a mirarla como una trayectoria, se mueve una sola cosa. Sin embargo, al moverse, mueve todo lo demás.
La pregunta deja de ser qué estoy pagando.
Y se vuelve qué estoy estudiando.
Es un cambio pequeñito y lo mueve todo, porque la primera pregunta te deja esperando a que se termine la condena, y la segunda te devuelve algo que la primera te había quitado: la posibilidad de hacer algo con lo que estás viviendo.
¿Para qué te sirve saber esto hoy?
Me gustaría ponértelo práctico, porque así me gusta que las cosas se acomoden.
Lo primero es que dejas de buscar afuera a quién culpar de tu encierro. Y eso te devuelve una cantidad de energía enorme, porque andar vigilando cansa muchísimo más que mirar.
Lo segundo es que dejas de tratar cada dificultad como una deuda. Las cosas difíciles siguen siendo difíciles, eso no cambia, sin embargo ya no vienen acompañadas de la sospecha de que te las ganaste.
Y lo tercero es que empiezas a mirar la repetición como información y no como fracaso. Eso que se te repite deja de ser la prueba de que no aprendes, y se convierte en la pista más clara que tienes de qué es exactamente lo que estás cursando.
Y hay algo que quiero dejarte claro, porque me importa mucho. La rueda del Samsara viene de la tradición hindú, tiene miles de años y cualquiera puede ir a estudiarla. Lo que yo te comparto desde los Registros Akáshicos llega por canalización, y como toda canalización no tiene respaldo documental ni manera de comprobarse. Te invito a que tomes solamente lo que algo dentro de ti reconozca, y a que dejes tranquilamente de lado lo que no.
Para quedarte pensando
¿Qué cosa se te repite, con distintos nombres y con distintas personas?
Si eso no fuera una deuda sino una materia, ¿cuál dirías que es?
¿Qué se movería hoy si dejaras de preguntarte qué hiciste mal?
¿Por dónde empezar?
Comprender la rueda no es tener la información. Es poder ubicarte tú dentro de ella, y eso no se logra leyendo.
La Gran Activación es el recorrido donde trabajo esto a fondo: siete etapas, dos niveles, con sesiones individuales, sesiones grupales en vivo y mi acompañamiento a lo largo de todo el camino. Trabajo con un grupo de participación reducida, porque lo que se mira ahí necesita contención real.
Las inscripciones de la segunda generación ya están abiertas, y empezamos el lunes 16 de noviembre.
Y si te quedaste con la sensación de que algo en tu vida se repite y todavía no sabes qué es, ese es justamente el lugar correcto para empezar. No hace falta que lo tengas claro antes de entrar. Hace falta que estés dispuesta a mirar.
Con cariño,
Begoña Sánchez Cerro
Este contenido es complementario a la atención médica y psicológica, nunca un sustituto.